2 de mayo de 2009

Manipulación del oficialismo en tema de influenza advierte Muñoz Ledo

Porfirio Muñoz Ledo, coordinador del Frente Amplio Progresista (FAP), señaló ayer que el gobierno federal utiliza la emergencia sanitaria con fines político-electorales, al destacar que una postergación de los comicios implicaría ampliar la manipulación que se está dando con este tema.

Puntualizó que en el juego de aplazar las elecciones no sólo participa el PAN, sino también “el chuchismo”, en alusión a la actual dirigencia del Partido de la Revolución Democrática (PRD). Agregó en este contexto, que la falta de una verdadera oposición en México está llevando a una supeditación al gobierno peor a la que imperaba en tiempos del PRI.

Si la administración calderonista quiere sacar provecho no hay que dejarlo, y existe la posibilidad de impedirlo, subrayó el coordinador del FAP, quien consideró que ya basta de seguir rindiéndose ante el gobierno, bajo el pretexto de una llamada izquierda moderna.

Expuso que si los partidos de oposición tuvieran un poco de enjundia, ya hubieran interpuesto una controversia constitucional contra el decreto emitido recientemente en ocasión de la emergencia sanitaria, pues por lo menos contiene siete artículos que violentan la Carta Magna.

Muñoz Ledo refirió más adelante que es necesario quitarle al gobierno la posibilidad de manipular, como sucedió en 1994, cuando la oposición logró proscribir cualquier campaña sanitaria en manos de las autoridades gubernamentales.

Mencionó que en los países democráticos esto se resuelve mediante la creación de un comité de expertos, integrado con un criterio ciudadano, que informe a la población sobre el tema y diga qué es lo que se debe hacer; “no el gobierno, porque tiene color”.

También manifestó que el IFE debe crear una comisión plural, para determinar con toda la autoridad que tiene, cuál debe ser la aplicación de esas medidas en tiempo electoral. Una tercera acción es promover el debate sobre el problema sanitario, pues no sólo se trata de combatirlo, sino también de saber de dónde salió.

Su origen está en la infame desigualdad, en el colapso de las condiciones de salud, en la baja investigación científica, en los estragos del neoliberalismo; en la miseria. Ahí es donde se muere la gente, añadió el coordinador del FAP, quien destacó que “si no somos un Estado fallido, nos parecemos mucho”.

La Jornada